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lunes, 23 de abril de 2018

Buscando mi estrella

Cuando empezó este año, me dije que tenía que buscar mi estrella. Dejar atrás los miedos, los "peros", lanzarme y hacer cosas, sobretodo aquellas que por una cosa u otra, siempre dejaba atrás, y otras que eran importantes, pero nunca les daba la importancia que tenían.
Y eso he hecho.
He estudiado como la que más, dándolo todo para poder tener una plaza. Hice el examen y la verdad, es que salí bastante contenta. Ahora hay que esperar a ver qué pasa.
En enero me apunté a un curso presencial en una escuela de fotografía. Estoy aprendiendo muchas cosas, sobretodo con respecto al tema luz y estoy disfrutando muchísimo. 
Llevo trabajando casi 5 meses seguidos, sin dolores, sin miedos a no poder hacerlo. Lo mejor de todo es que casi siempre estoy en el mismo sitio, con compañeras geniales (hay un orco, por ahí, pero qué se le va a hacer), y me encanta lo que hago.

Con todo eso, y más cosas, me he dado cuenta de que la tristeza y melancolía se están quedando en un segundo plano. Casi se podría decir que ya no están en mi vida.
Poco a poco voy consiguiendo lo que me propongo. Mi estrella me guía allá en el cielo. Lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Capturando gotas

Siempre es un placer capturar pequeñas gotas de agua. Si te acercas demasiado a ellas, parece que puedes ver en su interior, diminutos mundos de naturaleza.



domingo, 18 de febrero de 2018

Levitando con Tolkien

Hace días estaba tan tranquila en casa, pensando en mis cosas, que me vino una idea...quería hacer una fotografía, y no una cualquiera, no, sino una que me habían enseñado a hacer en un curso, hace tiempo, pero que por unas cosas u otras nunca la había puesto en práctica. Supe que ese era el día para probar a hacerla y me puse a ello.


Montar el trípode, ajustar la cámara, prepararte sin caerte de cabeza, hacer equilibrios y tal, es muy divertido, tanto que cada vez que se disparaba la foto, me tronchaba de la risa, y conmigo, las personas que tenía alrededor. Tras varias pruebas de postura y fotos realizadas, lo pasé todo al ordenador y me peleé con photoshop. Seguimos sin entendernos demasiado. Sé que hay muchos errores, pero también sé que conseguiremos llevarnos bien.
Eso sí, la foto, para ser la primera, me ENCANTA. Y no podía estar rodeada de mejores libros, que los de mi querido Tolkien.

domingo, 4 de febrero de 2018

Belchite Viejo

Justo antes de acabar el año, mi hermana me preguntó si quería ir con ella, un amigo suyo y su novio a visitar Belchite Viejo. No dudé en apuntarme. La visita era guiada y a la hora que cogimos (las 8 de la tarde), contaban las leyendas de ese lugar que sufrió tanto.
Llegó el día y tras visitar Belchite Nuevo, con sus villancicos sonando a todo volumen por cada una de sus calles (eso nos pasa por decir que queríamos escuchar villancicos ^_^) y tomarnos un café para entrar en calor, nos dirigimos a la entrada de Belchite Viejo.
Allí tuve la suerte de coincidir con otra fotógrafa, que como yo, iba cargada con trípode. Tras hablar un rato de nuestra pasión por la fotografía, y tras preguntar si podíamos entrar con el trípode a hacer fotos, traspasamos la puerta con ilusión, porque podríamos hacer buenas fotos.

Mientras los demás se iban con la guía y escuchaban las leyendas (nosotras también lo podíamos oír porque estaba todo a oscuras y en completo silencio), nos dedicamos a colocar todo para hacer las primeras fotos.


Después de una, llegaba otro lugar increíble, rodeado de misterio, y no podíamos dejar de fotografiarlos. Todos ellos con las estrellas que surcaban el cielo, y con una luna que hacía que las fotos aún salieran más bonitas.






Cada uno de los sitios que íbamos viendo, daban respeto, tenían memoria, y sentimiento. Contaban todo por lo que habían pasado los habitantes de Belchite, todo lo que sufrieron.


En este lugar en concreto, se me puso la piel de gallina, quizá por lo que nos contaron, o quizá por todo lo que se notaba en el ambiente.



Lo último que antes de salir fue el Convento de San Agustín, que está en tan mal estado, que no pudimos entrar, por peligro de derrumbamiento.



Os puedo asegurar que todos los que entramos a visitar el pueblo, salimos con el corazón encogido. 

No sé como será verlo de día, pero de noche da mucho respeto. 

Ese día tuve sentimientos encontrados. Estaba feliz porque por fin había hecho fotos de starlight, y para ser las primeras no estaban nada mal, pero por otra parte estaba entristecida por lo que nos habían contado.

Lo mejor sin ninguna duda fue la gran compañía de mi sister, Axel y Álvaro. 

domingo, 28 de enero de 2018

Tristeza




Desde hace un tiempo me invade la tristeza, la melancolía. He dejado entrar a la depresión y la ansiedad, la desgana...y creo que ya va siendo hora de que se marchen. 
He encontrado la forma de dejar salir todo escribiendo en mi pequeño rincón. Ni en él ni aquí escribía desde hacía semanas. La verdad es que no me apetecía.
La otra forma es llorar, llorar, y que se marche todo aquello que me entristece. Por eso en la foto de hoy mis lágrimas son negras, de toda la tristeza que he llevado dentro.

A partir de hoy, después de haberla dejado salir, me siento mejor. Es hora de comenzar a darme caprichos, mimarme, y disfrutar de los pequeños placeres que me dan los días, acompañada de los míos o sola.


domingo, 24 de diciembre de 2017

Felices Fiestas

A todos los que os pasáis por este pequeño rincón...


FELICES FIESTAS Y FELIZ NAVIDAD

viernes, 8 de diciembre de 2017

Recorriendo Edimburgo y despedida

9 de Octubre de 2017, recorriendo Edimburgo

El día antes de volver a casa lo dedicamos a ver Edimburgo al completo. Recorrimos sus calles, paseamos por lugares con misterios, descubrimos lo que esconden sus "closes", y entramos en sus maravillosas tiendas.

Lo primero que hicimos fue desayunar. Ese día probamos algo típico de Escocia...los haggis. Es parecido a la morcilla, pero hecho con otro tipo de ingredientes que no voy a poner por aquí. Sólo diré que si os dicen lo que llevan no os lo comeríais, pero si lo probáis querréis comerlo más veces. Está muy bueno, contiene muchas especias e incluso pica un poquito. Quise probarlo porque así me decantaba por llevar alguno a casa. Y después de ver que estaba bueno, no dudé en comprar.

Después del desayuno, nos dirigimos a una tienda que está en plena Princes Street, "Whittard of Chelsea". Antes de ir a Edimburgo, estuve mirando lugares donde poder comprar té, y éste era uno de los más populares. Mientras esperábamos que abrieran, estuvimos probando la opción del móvil de hacer panorámicas (una que nunca se acuerda de que puede hacerlas sin tener que darle muchas vueltas a la cabeza).



Cuando vimos que ya habían abierto, entramos y descubrimos un paraíso para los amantes del té. No me pude resistir y compré los más típicos: Earl Grey y Darjeling, tanto para casa, como para regalar, y después del té, vino el chocolate y el café con sabor a vainilla (está delicioso). Había tazas preciosas, teteras, piruletas de chocolate con sabor a capuchino. ¡¡¡Una maravilla!!! De hecho, con deciros que tras acabarse el té y el café en casa, he hecho un pedido, os digo todo.

Como íbamos cargadas, nos fuimos al hotel a dejar las bolsas y ya a pasear. De camino a la Royal Mile nos fuimos fijando en todo lo que no pudimos ver otros días porque era de noche.




Había tiendas que llamaban la atención sólo por detalles que tenían a la entrada, cómo esta, con un bici preciosa.



 La primera parada fue en Royal Mile Market, una iglesia transformada en mercado artesanal.


Luego empezamos a recorrer la Royal Mile. 


Primero descubrimos la figura de Adam Smith, economista que dijo que la gente no podía trabajar sin un salario y el salario tenía que ser de acuerdo a las horas trabajadas. ¡¡¡Anda que no sabía!!! 


Después de ver la figura de este gran hombre, vimos la figura de James Braidwood que hizo algo muy grande...formó el primer cuerpo de bomberos. 




Justo al lado de ellos dos, se encuentra la Catedral de Saint Giles. Impresiona con sólo verla desde fuera. 




Recorrer la Royal Mile de día es una maravilla porque puedes ver todos sus detalles. Sus edificios tienen encanto. Y todos ellos tienen un color negruzco, debido a que están construidos sobre roca volcánica. 


Pudimos ver desde fuera la "Camera Obscura". Es una torre antigua con varios pisos en los que hay exhibiciones de ilusiones ópticas. Además desde el piso más alto, las vistas tenían que ser increíbles. No entramos en un principio, pensando que a lo mejor al final nos daba tiempo, una pena, porque cuando terminamos de ver todo, era ya muy tarde.


Decidimos meternos por una de las calles de Royal Mile, a ver dónde nos llevaba. Primero vimos preciosas casas.


Y luego llegamos al Museo de los Escritores. Una de sus paredes tiene un exlibris con los tres escritores más famosos de Escocia: Sir Walter Scott, Robert Burns y Robert Louis Stevenson. De hecho, este museo está dedicado a ellos.



Es un edificio que me encantó. Allá dónde mirase descubría pequeños detalles.



Salimos por Lady Stair's Close y nos dirigimos a una de las calles más importantes de Edimburgo por la gran cantidad de tiendas que hay, pero sobretodo porque la fachada de cada una de ellas es de un color...Victoria Street





Esa calle inspiró a la escritora J.K.Rowling para narrar como era el Callejón Diagon. Por ese motivo, hay una tienda dedicada a Harry Potter, llamada Diagon House, que es la perdición para los fans del pequeño mago.

Tras pastelerías, restaurantes (probamos el bocadillo de cerdo en "Oink", muy original el nombre), tiendas de regalos, vi la figura de un hombre que me llamó la atención. Bueno, el hombre no era de carne y hueso, era de cartón, porque sino me habría tirado encima de él en plancha. Jaime Fraser, custodiaba la entrada de una curiosa tienda.


Llegamos a Grassmarket, y allí hicimos un parón. Mientras tanto, contemplamos sus casas y sus curiosos bares. Entre ellos el de Maggie Dickson, cuya historia os sorprenderá y The Last Drop, la última gota. Llamado así porque antiguamente a los condenados a la horca, les daban el último trago para que fueran más relajados.



Nuestros pies nos llevaron a un lugar especial...el Cementerio Greyfriars. Decir que me impresionó, es decir poco. Todo verde, con tumbas muy antiguas, incluso con pequeños cultivos de especias, sí sí, cómo lo oís. En una parte tenían plantas cultivadas. Allá donde mirase, siempre había algo que quería fotografiar.






Desde él se veía el Castillo de Edimburgo.



Además pudimos ver dos cosas más que inspiraron a J.K.Rowling a la hora de escribir Harry Potter. Una fue un colegio, al cuál no pudimos hacer fotos, porque está prohibido y en el cuál se inspiró la escritora para Hogwarts. La otra cosa fue una tumba, con un nombre...¿Lo habéis reconocido? Sí...Voldemort.


Tras saber que entre las tumbas de este cementerio estaba la del sanguinario Mackenzie y conocer la historia de los covenanters, nos encontramos con algo emotivo.




La tumba de Bobby. Su historia es conmovedora. Bobby era un perro que permaneció durante 14 años en la tumba de su dueño, sin separarse de ella, hasta que murió. Como había una ley, que era que todo perro suelto y sin dueño tenía que ser sacrificado, los ciudadanos de Edimburgo, pidieron que Bobby fuera un ciudadano más, y así pudo estar tanto sin separarse de la tumba de su amo, mientras era cuidado por la gente.
Hoy en día todo aquel que quiere deja un palito en la tumba de Bobby, ¿quién sabe si Bobby sale a jugar con él y te concede un deseo?

Saliendo del cementerio hay un restaurante con su nombre y una figura.




Tras callejear un poco, fuimos a ver por fuera el Castillo de Edimburgo, ya que no pudimos verlo por dentro, porque era una visita de mínimo 2-3 horas.



Las vistas desde él eran impresionantes. Por un lado se veía parte de la ciudad.




Y por el otro, parte de Princess Street Gardens.


El castillo me impresionó mucho por fuera, así que por dentro tiene que ser una maravilla.



Recorrimos la Royal Mile en sentido contrario al principio, hasta llegar al palacio de Holyroodhouse. Nuestra primera parada fue para comprar algunos regalos. Luego seguimos andando y maravillándonos con los edificios, como la casa de John Knox, que es la casa más antigua de Edimburgo.



Y con sus detalles. Mirases hacia arriba o hacia abajo, siempre descubrías algo.



Vimos la estatua del poeta Robert Fergusson, que da la impresión de caminar deprisa y con grandes zancadas por el movimiento de su levita.



Entramos en Dunbar's Close y descubrimos una maravilla. Un parque para poder sentarnos y disfrutar de la naturaleza y el otoño.




Tras descansar un poquito, descubrimos otro close...White Horse Close. Cuando entramos en él parecía que hubiéramos retrocedido en el tiempo. Antiguamente había en él una posada, la White Horse Inn. Su nombre se debe a que el caballo de Mary Queen of Scots, era blanco.





Pasamos por delante de una tetería preciosa, antigua y con unos dulces que hacían la boca agua. Clarinda's Tea Room.




Así que cómo estábamos cansadas, decidimos hacer una parada y reponer fuerzas.
Yo (ya sabéis que me encanta el té) pedí uno con sabor a vainilla y me sorprendió ver que me traían una tetera entera. Jamás había bebido tanto té en una cafetería y me pareció una idea buenísima, porque muchas veces el té que nos ponen nos sabe a poco. Y así puedes echarte el que quieras. E incluso si la otra persona se pide otro, siempre se puede probar de los dos. 


De dulce me pedí un scone que era una delicia. Se notaba que era casero.


Tras descansar, disfrutar del lugar, y reponer fuerzas nos dirigimos al hotel a dejar las cosas. Por el camino vimos de lejos Calton Hill o la también llamada "La colina de las tres vergüenzas". En él se encuentra el Monumento a Nelson, el Observatorio Astronómico y el Monumento Nacional, que está sin terminar por falta de fondos.


Después de dejar las cosas en el hotel, salimos a pasear por Princess Street y llegamos hasta el pequeño barrio de Dean Village, que parece sacado de un cuento. También es conocido como Water of Leigh Village. Sus casas parecen de aldea. Nos adentramos en él y paseamos por sus puentes, sus calles y sus bonitos rincones.




Fuimos paseando de vuelta al hotel, parando a comprar detallitos, entrando en tiendas increíbles, como una librería que me encantó, Waterstone's, en la que puedes perderte entre sus libros, y ya de paso tomar un café mientras se disfruta de las vistas. Y por último fuimos a comprar la cena.



10 de Octubre de 2017, fin del viaje

Nos levantamos temprano y tuvimos que despedirnos de Edimburgo. Pero no lo hacía triste, sino todo lo contrario. Algo en mí había cambiado. Escocia me sirvió para reflexionar muchas cosas, para ser un antes y un después. Me hizo ver que aunque algunas cosas se vean imposibles, se pueden convertir en realidad. Que si uno quiere, puede. Y yo quise, y pude. Llevaré siempre en mi corazón a Escocia por lo que me ha dado.




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