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sábado, 18 de noviembre de 2017

Lago Ness, Castillo de Urquhart y Pitlochry (Recorriendo las Highlands Segunda Parte)

De nuevo en camino a nuestro próximo destino, un lago cuya leyenda todo el mundo conoce, y quién sabe si alguien ha podido ver al monstruo que vive en las profundades de sus aguas y que se llama Nessie…el Lago Ness


Aunque el Lago Lomond sea el lago más grande de Escocia, os puedo asegurar que el Lago Ness, es enorme y precioso. Además está rodeado de verdor y en una de sus orillas se puede contemplar un castillo, el de Urquhart


Cuando lo vimos de lejos nos impresionó. Es una de las imágenes más bellas que vi ese día. El castillo con el lago de fondo. Una pasada.

Bajamos un montón de escalerillas, recorrimos un caminito y llegamos a la entrada del propio castillo, bueno, lo que queda de él, porque como veis, está en ruinas. Fue primero una fortaleza en la Edad de Hierro, luego un castillo en el siglo XII, hasta que tras una batalla fue destruido.

En él se puede ver un horno que se usaba para secar el grano, un habitáculo en el que el guardia daba la voz de alarma en caso de ataque, y tras subir unas escaleras de caracol, pudimos disfrutar de las vistas. Una maravilla.


Allá donde mirases tierra y agua se juntaban y ofrecían un espectáculo a los ojos.






Además tras bajar otras escaleras (había montones y montones de ellas), llegamos a las propias orillas del Lago Ness, y ahí, encontré la paz, la tranquilidad y la serenidad que necesitaba mi cuerpo y mi alma.







Después de mi momento en ese lugar tan increíble, vi a una pareja de ingleses con su bebé que intentaban hacerse una foto y viendo que al final no iban a tener una juntos, me acerqué rauda y les pregunté si querían que se la hiciera yo. Cuando vieron la foto y vi la felicidad que irradiaban, me fui con una sonrisa de oreja a oreja.

Volvimos a...sí, subir escaleras, ya era el último tramo, y menos mal que lo hicimos, porque las vistas quitaban el aliento.



A este castillo se puede llegar en barco desde Inverness, de hecho hay un pequeño embarcadero, o en coche, bus, etc…Estando allí, pasaron varios barcos.



Me hubiera encantado sentarme a contemplar el paisaje, pero había tantísima gente que era imposible. Eso sí, estábamos tan bien allí, que entre ver unas cosas y otras, hacer fotos y pararnos sobretodo a contemplar el paisaje, estuvimos una hora y media.



Tras comer y comprar unas cuantas cosillas para traer de recuerdo, pusimos rumbo de vuelta a Edimburgo, pero antes hicimos dos paradas. 

La primera en el Comando Memorial, un homenaje a los comandos británicos que entrenaron en ese lugar en la Segunda Guerra Mundial. Estaba lleno de gente, así que tras verlo, me fui a fotografiar el paisaje, y ya de paso unas “palomitas”, o lo que es lo mismo, unas ovejas, pintadas de colores, de la raza Suffolk, que tienen la cara y las patas negras. 




Las llamamos palomitas por los colores con las que las pintan sus criaderos. Son tantas que para que 
no se pierdan y para poder diferenciarlas las colorean de verde, rojo o amarillo. 



La segunda parada tenía que ser en un pueblo que nos había parecido mágico…Pitlochry.
Si os digo que los Pitufos tienen algo que ver con este pueblo no me creeréis, pero es así. En esta zona de Escocia vivían antiguamente los pictos, unas tribus descendientes de los caledonios. Estas personas eran pequeñas y pelirrojas y se pintaban el cuerpo y el rostro de azul y blanco. Así iban a la batalla. A veces se camuflaban con pieles, y el enemigo pensaba que estaba delante de un animal, hasta que cuando se daba cuenta de que era una persona, ya era demasiado tarde. Así pudieron ganar muchas batallas. De ahí vienen los pitufos, seres pequeños, con gorro blanco y cuerpo azul.

Pitlochry es un pueblo con encanto, sus casas victorianas, su calle principal llenas de tiendas preciosas, lo hacen encantador. 


Nada más llegar comenzamos a recorrer sus callejuelas, con un té calentito take away y un pastelito que compramos para acallar un poco al estómago y así de paso probar cosas típicas de allí. 


Todas sus calles eran preciosas, sus restaurantes tenían las fachadas con plantas trepadoras, de tonos rojizos (la verdad es que vimos muchas cosas en toda Escocia, con ese tipo de plantas), casa ocultas por pequeños jardines, por donde discurrían riachuelos. 





Estaba lleno de gente, porque justo era el Enchanted Forest, uno de sus grandes festivales, que lo disfrutan los grandes, pero sobretodo los pequeños, que iban disfrazados de hadas, elfos, etc…Además hacía muy buen tiempo, por lo que aún disfrutamos más del paseo. Estuvimos casi una hora en él. Cada rincón era una maravilla y sus tiendas te dejaban alucinando. 



Sus teterías tenían mucho encanto.


Os recomiendo que vayáis si vais a Escocia, porque os enamorará.
De camino al aparcamiento paramos a comprar detallitos para casa, y a hacer unas cuantas fotos más. 


Nos hubiéramos quedado más tiempo, pero era de noche y teníamos que regresar.

Edimburgo nos esperaba con sus luces. Era de noche. Sus calles, sus casas, sus edificios importantes iluminados, como el Castillo. Su gente, sus restaurantes, sus tiendas, todo nos daba la bienvenida de nuevo. Recorrimos la Royal Mile hasta el castillo, ese día era el adecuado para hacerle fotos de noche, ya que no sabíamos cómo amanecería al día siguiente, si llovería, si habría nubes, etc…Hacia allí que nos dirigimos.



Luego volvimos a pasear por sus calles, apuntando lugares que queríamos visitar al día siguiente, callejones en los que queríamos entrar, tiendas que descubrir…

Volvimos a pasar por delante del Hotel Balmoral y su reloj.


Y por último vimos el monumento a Walter Scott, que es de estilo gótico, y se levanta en Princes Street. Se puede subir hasta lo alto de la torre, pero es algo que no hicimos. De día impresiona, pero de noche, con su luz, impresiona aún más.


La figura de Walter Scott está a los pies de ella.



De vuelta al hotel, una ducha, una cena rica y ligera y a la cama. Las luces se apagan, pero mi mente sigue recordando todo lo que ha vivido ese día. ¡¡¡Estoy tan maravillada!!! 

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