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sábado, 6 de agosto de 2016

Leer


Desde bien pequeñita me encanta leer. Esa pasión por los libros me la inculcó mi madre de una manera especial, contándome cuentos según lo que se veía en las imágenes. Lo hacía de tal manera, que me metía en la historia de lleno y no quería que dejara de leer. Es algo que también ha hecho con mi hermana y con mis primos.

Cuando fui lo suficientemente mayor para leer sola, no había libro que se me resistiera. En el colegio nos mandaban los del Barco de Vapor,  y Don Luis, un profesor que tuve, cada viernes hacía una especie de juego...todos los alumnos debíamos llevar un libro a principios del curso, y cada viernes elegíamos uno de entre todos, para llevárnoslo a casa y leerlo. Al viernes siguiente teníamos que hacer una especie de reseña. Por algo se convirtió en mi profesor favorito.

Recuerdo que cuando era la época en que subía todos los veranos a un pueblecito del Pirineo, leía cada año para esas fechas el mismo libro...Paulina, una historia que trataba de una niña que iba cada verano a casa de sus abuelos y se hacía amiga de un niño ciego. 

Creo recordar que comencé con la romántica con trece años y con el libro "El legado de Nueva Orleans", de Alexandra Ripley. Me gustó tanto, que tiempo después volví a la biblioteca a buscarlo, pero como estaba tan desgastado, lo habían tirado. Estuve años buscándolo, sin éxito, porque estaba descatalogado, hasta que di con él por internet y ya está en mi estantería.

Luego llegó Harry Potter, y El Señor de los Anillos, esta última es mi trilogía favorita. Gracias a ella pude viajar a lugares que de otra forma no podría. 

Gracias a mi madre conocí autoras como Rosamunder Pilcher, Danielle Steel, Nora Roberts y Diana Gabaldon. Conocí el amor en todas sus facetas, conocí el AMOR, en mayúsculas.

Una de las cosas con las que más disfruto sin ninguna duda, es, con un rico té y un buen libro. Y si encima hay tormenta, ya ni os cuento. Sentada junto a la ventana, dejando que el olor de la lluvia llegue hasta mi, hace que aún me centre más en lo que estoy leyendo. Soy capaz de meterme de lleno en una historia, de viajar con ella, de sentir lo que sienten sus personajes, de reír y llorar con ellos. Hay libros que no quiero que terminen, porque deseo saber más de sus protagonistas, y cuando se termina, se queda un hueco enorme, que a veces es difícil de rellenar con otra historia. Porque sí, hay historias que impresionan, que dejan huella, como El Jinete de Bronce.

Puedo decir sin ninguna duda, que no concibo mi vida sin libros. Como dijo Cicerón: "Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma". Para mí son algo sagrado. Me han ayudado a pasar malos momentos y a disfrutar de otros. Por eso soy incapaz de desprenderme de ellos, y los cuido como si fueran tesoros. De hecho tengo libros que eran de mi abuelo.

Como dice la frase de la foto...LEER ES VIAJAR. Y ¡qué maravilloso viaje!


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