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lunes, 17 de octubre de 2016

Fin de fiestas

Ayer se terminaron las fiestas de mi ciudad, las del Pilar. Nueve días llenos de emociones, pero sobretodo de risas y alegrías que inundan las caras de los maños. 
En cuánto comienzan las fiestas, hay algo que siempre aparece en las calles, y son las pañoletas rojas y negras, que casi todo el mundo lleva, ya sea en modo pulsera en las manos, en el cuello, cuál pañuelo, etc...Es algo típico de la ciudad. Yo este año quise hacer una foto algo más original con él. Y ya de paso felicitar las fiestas.


Otra de las cosas que son típicas en estas fechas, son las peñas, que siempre alegran los días con sus charangas. Los globos de colores y formas de dibujos animados, que son las delicias de los más pequeños. Todos hemos tenido un globo de esos en nuestras manos, con la ilusión reflejada en nuestros ojos, y agarrándolo fuertemente para que no se nos escapara y se fuera volando, surcando el cielo maño.

Cuando llega el día 12, el día del Pilar, todo el centro se llena de baturros y baturras, con sus respectivos trajes tradicionales y sobretodo el Paseo Independencia y la Calle Alfonso se llenan de colores, los de los ramos de flores que se le ofrecen a la Virgen del Pilar, y que formarán su precioso vestido. Un manto rojo y blanco que lucirá hasta el próximo jueves. Además no sólo se forma ese manto sino que luego se crea uno más grande justo debajo, con todas las flores de diversas formas y colores. Es algo precioso y digno de ver.
Ese día lo celebramos siempre en casa de mi abuela, comiendo toda la familia, y éste año, me decidí por hace un postre especial. Algo que no había hecho nunca, pero que me apetecía hacer desde hacía tiempo...macarons. Un postre francés, y que aunque es complicadillo de hacer, tiene un sabor delicioso. Al final no me salieron con la forma exacta, pero el sabor era tal cuál, y fueron un éxito. De hecho, ya me he comprado un libro de recetas para saber hacerlos bien del todo. 


La reunión en familia siempre viene bien, para vernos todos, y en esta ocasión hubo muchos momentos de complicidad, y de alegría.

A parte de ese día tan especial, hubo más días en los que nos dedicamos a hacer cosas en familia: ir al parque a hacer fotos, con Zape, para que pudiera correr a sus anchas; fuimos al cine a ver "Un monstruo viene a vernos", que la recomiendo a todo el mundo. Y este fin de semana fuimos a ver chiringuitos de comida y productos artesanales. Es algo que hacemos todos los años. En esta ocasión se apuntó mi abuela, que le hacía ilusión ir. Así que recorrimos gran parte del centro: fuimos a la Plaza de los Sitios a ver los puestos, donde el monumento a los sitios ocupa todo el centro.

Y dónde como comentaba antes, había puestos de productos artesanales, como este en el que vendían vajilla de cerámica, y estaba el pequeño Principito.

Nunca nos vamos con las manos vacías y este año tampoco nos pudimos resistir a comprar alguna cosilla.

Luego enfilamos hacia Plaza España, y callejeamos por la calle Don Jaime hasta la Plaza del Pilar, donde pudimos sentarnos a disfrutar de las vistas, mientras tomábamos algo y recuperábamos fuerzas. Además, mientras tanto, había un concurso de tango, y fue una maravilla ver como los bailarines se deslizaban por la plaza de la Seo, pegando sus respectivos cuerpos como si fueran uno.

Después fuimos a ver más chiringuitos, en este caso todos de comida para llevar o comer en ese momento. El olor a la patata asada rellena, o las costillas, o el color de la manzana de caramelo me recordaron a mi niñez. Creo que es algo que siempre me pasa, como cuando veo el algodón de azúcar. 

Mi abuela quería entrar a la Basílica a ver a la virgen, la figura auténtica, y entramos. La cantidad de gente que había orando sobrecogía. Cuando la gente entra, pasa del bullicio de la calle al silencio que provoca el respeto que se tiene en ella. Hubo momentos de emoción. 

No habíamos visto el manto de flores que se formó el día del Pilar, así que decidimos verlo y ya de paso le hice alguna foto. La plaza estaba llena de gente que quería fotografiarse con la virgen.


Nuestro recorrido ya terminaba, pero os puedo asegurar que fue una tarde increíble. Tuve además la suerte de poder encontrarme con una gran compañera de colegio, a la que hacía años que no veía. Y nos fundimos en un abrazo. 

Lo mejor de estas fiestas es sin duda los grandes momentos compartidos con la familia...las emociones. Son días en los que la alegría se superpone a todo lo demás. 

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